¡La Divina Enfermedad de la Juventud! (Parte 1)

Emma Godoy

"¡Juventud, divino tesoro!"

¿Tesoro? No tanto, no tanto. Atinó más Rubén Darío al aclarar: "La divina enfermedad de la junetud". ¡Vaya que si hay distancia entre "tesoro" y "enfermedad"! Por que, oigan ustedes, ¡qué mal se sentía uno cuando tenía 15 o 25 años! La juventud sufre tanto. Esa es la verdad. ¿Cierto o no? Díganmelo los jóvenes y las muchachas que leen esto.

No estarán de acuerdo conmigo los viejos que añoran los años mozos. Lástima que ya olvidaron las torturas que padecieron entonces, y sólo quieren recordar que se divertían y no cargaban sobre los hombros las responsabilidades propias del adulto. Ya perdieron la memoria de sus ansiedades, depresiones, soledad y desesperación ¿No escribieron su diario? Hojéenlo y se compadecerán de sí mismos, y se alegrarán de haber dejado atrás esa crisis. Yo, desde que releí mi diario, comprendo mejor a los jóvenes. Bueno sería que padres y madres de familia hicieran un esfuerzo por recordar aquellos estados de ánimo sobre los que la mente echó pronto un velo, por ser tan dolorosos.
Estarán mejor capacitados para conducir a sus hijos.

¿Es triste ser joven?

Si la etapa juvenil fuera todo lo dulce que nos cuentan los poetas, la cifra estadística de suicidios sería cero en esa edad, para acumularse en la madurez o en la senectud. -no es así, todo lo contrario. Son más que los adultos, los muchachos que desprecian la vida. Un alto porcentaje, aunque no llegue al suicidio, halla desabrida la existencia; peor aún: aborrecible.

Por eso corren en los automóviles sin frenar en las esquinas o en las curvas de las carreteras. Hay también en ello deseo de aventura, anhelo de probar su fuerza, afán de dominio, reto a las leyes; pero debajo, en el subconsciente, azuza el deseo de destruir y de destruirse. Si chocan o dan siete volteretas, ¡nada tienen que perder!

Es un mito la juventud feliz. Jamás la edad abrileña ha sido un paraíso, en ninguna época de la historia, aunque lo es todavía menos en la hora actual. Sólo que mirada retrospectivamente desde la cumbre adulta, hay una resistencia secreta a rememorar las angustias que entonces padecimos.

Pero, ¿cuáles son en concreto las penas que se pasan durante la juventud?

Chicos y chicas desearían vivir en continuas diversiones. No quisieran asumir ninguna responsabilidad. ¡Pero esto no se puede! ¡Y hay que contrariarles! Cada vez que se les niega un permiso para la fiesta o la excursión, hacen el berrinche del siglo. Y estas situaciones son inevitables, pues así es lo debido. Además no sólo se les tiene que frenar en lo que desean hacer, sino que se les pone a hacer lo que no desean. El estudio y el trabajo son cargas abrumadoras de las que no hallan cómo zafarse. ¡Y ni modo! Hay que cumplir con estos deberes. Las cosas tienen que suceder así, pues la vida obliga a resolver los problemas económicos o a prepararse para solventarlos en lo futuro. Si no, ¿qué sería de estos chicos mañana? Mas no ven esto y a veces nadie se los hace ver. Entonces la juventud se revela. "¡Libertad!", grita. Y no se da cuenta de que la libertad que pide es libertad para hundirse. El ser humano es un "animal de inhibiciones" y con estas contrariedades se le está iniciando en el oficio de ser hombre.

Continúa...

1 comentarios:

Anónimo dijo...

quiero un resumen

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