Ventanitas



Ahí estaba sola entre la gente, escuchando el ruido propio de las fechas, cuando escuché un pequeño ruidito, un ruidito que sólo yo escuchaba, le grité al mundo lo que oía y nadie lo supo escuchar.


Por un momento me creí loca yo también, pero seguía escuchándolo cada vez más fuerte, era un ruidito sólo para mi, dentro de mi, podía escucharlo cuando yo quisiese, sólo era cuestión de prestar atención.


Un día decidí ponerle nombre, debía ser un nombre especial, pero nada me parecía apropiado, buscaba un nombre que me dijese cosas, igual que el ruidito, debía ser un nombre que cuando la gente lo escuchara, supiera inmediatamente a qué me refería, debía ser un nombre único, un nombre que nada ni nadie más llevara, un nombre simple y fácil de recordar para todo el mundo, pero al mismo tiempo un nombre que significara algo. Busqué entre miles nombres, pero nada era suficientemente perfecto, entonces, decidí guardar silencio y escuchar a mi ruidito, él mismo me dio su nombre, era simple, bello y especial.


Mi ruidito era sólo mío y moría de ganas por compartirlo con el mundo pero aún no era tiempo, mientras tanto disfrutaba cada vez que lo escuchaba, comencé a hablarle yo también, otras personas dicen haber escuchado algo similar, pero se que nadie sabe lo que él me decía.


Inevitablemente comencé a desarrollar un inexplicable amor por mi ruidito, por un momento temí que me fuera arrebatado, y ese miedo me atormentaba cada noche.


 Ya no estoy segura si era un miedo infundado ya que no pasó mucho tiempo para que sucediera, no supe cómo ni por qué pero una noche fría en exceso, mi ruidito guardó silencio, pero no de esos silencios que guardamos para escuchar, ni de esos que guardamos para pensar o de aquellos que inevitablemente guardamos para descansar, no.


Mi ruidito guardó un silencio eterno, un silencio de esos que duelen con cada respiro.


Nadie más lo escuchó, por lo que nadie puede entender su ausencia, y algunos en su ignorancia tocan campanas para reemplazar mi ruidito, pero no saben que la presencia de otros sonidos hace más grande aún la ausencia de mi ruidito.


Han pasado no se cuántos meses, y a veces creo escucharlo, pero cuando presto atención me doy cuenta de que esta vez si ha sido mi imaginación, y que jamás volveré a escucharlo.


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